Hablaba de su fantastica noche, la que pasaron juntos la que ahora, debía acabar.
Tenia un cuento más sobre barcos, sobre esas aventuras, llenas de ballenas y tatuajes que hoy comenzaban.
Se aferraban siempre a los musculos de su espalda, conversarían mañana, tal vez.
Una sentencia que no debío conversar, de esas carceles de esas noches en las que dormía esperando la muerte, y comía, y por un verbo, acordarse de su mujer tranquilo, contento y ahora libre, de recuerdos.
Luego de hablar, señalaba recuerdos a contraluz, con una luna y un pez.
Sentir los pasos tras los de él, sin despegarse del suelo como una estatua hablando verdades y observando a la que ama, lléndose con su amado, luces rojas que comparte mi barrio con nosotros, y doblás la esquina.
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